11 Abril, 2012

Recien ayer

1 19 de Agosto
2 Mi casa
3 El barrio
4 Mi primera maestra y Nina
5 La escuela
6 Soneto para una rosa
7 La vieja maestra
8 Sexto grado
9 El club
10 Bar Pancho
11 La guitarra
12 Los de fuego y Don Vicente
13 Juan Rodrigo – Molinero
14 Mi debut cantando
15 Penumbras
16 Porque yo te amo
17 Así
18 Te propongo
19 Rosa Rosa
20 Paris ante ti
21 Ayer te quise tanto
22 Yo la necesito
23 Ayer aún

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LA ESCUELA

Relato por: Sandro
 
Y a los seis años gracias a la tenacidad de mi maestra y a los mamporros de mi vieja para estudiar, me tomaron examen en la Escuela del Estado No. 3 República del Brasil y me hicieron ingresar al Segundo grado. Recuerdo aquellas formidables maestras que tenían las escuelas del Estado. Sobre todo la de Quinto, a la señorita Cuniglio, y en Sexto la señorita Texeiro. Estas últimas fueron de vital importancia para mí.
 
La primera, la Cuniglio, fue la que me ayudo a descubrir mis posibilidades en el campo del arte. Pues esta maestra era, era una revolucionaria en el campo de la educación de aquellas épocas. Ella fue la primera que traía de su casa reproducciones de cuadros de famosos. Los colocaba sobre las paredes del aula y os decía escriban sobre lo que ven.

Entonces cada uno elegía un cuadro e inventábamos alguna historia sobre el mismo; en otras oportunidades aparecía con un tocadiscos portátil, tipo valijita, y nos hacia escuchar los clásicos: Bach, Mozart, Beethoven, y entonces teníamos que dibujar sobre lo que escuchábamos y así nos fue metiendo en el maravilloso mundo del arte. A mí me perdonaba los errores de matemáticas, Dios mío, era un burro, es más de la tabla de multiplicar me sé hasta la del cinco, después, chao, calculadora. Pero no me dejaba pasar un acento ni una coma en castellano, hoy le llaman lengua, pues sabía que ese era mi fuerte.

Tan era así, que escribía las composiciones; yo, en forma de poemas porque nos daba títulos tales como ‘Si yo fuera viejo’, ‘Me desperté una mañana’, ‘La espina y la rosa’. Nada de la vaca, mi gatito … nooo. A propósito de ‘La espina y la rosa’ recuerdo que la escribí en la métrica del soneto y me valió muchas felicitaciones y ella la pasió por todas las otras maestras mostrándola con gran orgullo. Ay Dios, aquella original vaya a saber dónde estará. Pero recordando aquel episodio encontré estas memorias. Se me dió por intentar algo parecido; a ver, ahí va.

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