9 Marzo, 2012

Los de fuego y Don Vicente

Estela Sandoval

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7 La vieja maestra
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9 El club
10 Bar Pancho
11 La guitarra
12 Los de fuego y Don Vicente
13 Juan Rodrigo – Molinero
14 Mi debut cantando
15 Penumbras
16 Porque yo te amo
17 Así
18 Te propongo
19 Rosa Rosa
20 Paris ante ti
21 Ayer te quise tanto
22 Yo la necesito
23 Ayer aún

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LOS DE FUEGO Y DON VICENTE

Relato por: Sandro
 
Una tarde vino a verme Lito Vásquez y fuimos hasta la casa de un muchacho llamado Cachito Quiroga al que el padre le había regalado una batería. Lito creo que ya tenía una guitarra eléctrica y al grupo se sumó Héctor Centurión que iba a ser el futuro bajista pero no tenía contrabajo y este loco se lo hizo con un cuchillo, un cacho de madera y un destornillador. Ah qué grande. Y así nació ‘Los de Fuego’.
 
Y ensayábamos en la escalera de la casa de Lito, bajito y sin meter mucha bulla para que no nos rajaran, hasta que conseguí que mi viejo nos dejara ensayar en el garaje de mi casa entre las damajuanas de vino. Yo no tenía guitarra hasta que un día mi viejo, don Vicente, me dió el adelanto para comprar a crédito una guitarra eléctrica de dos micrófonos. Por fin! era la gloria. Pero ojo, las cuotas tenía que pagarlas yo. Así fue como hice mis laburos y a la vez trabajaba con mi viejo por las mañanas.
 
Mi viejo, don Vicente, don Vicente. Uno de los más grandes tipos que conocí en mi vida. Brillante, muy brillante, educado, buen amigo de sus amigos, simpático y con un sentido del humor incomparable; podía estar horas contando cuentos y la gente muriéndose de risa. Me hizo el heredero de las mejores cosas. Me enseñó el respeto por todo y por todos.
 
Me dió la llave de mi casa a los doce años y me dijo: “Acá tenés la libertad, aprendé a usarla y ojo, que yo no te saque jamás de una Comisaría porque esta libertad se te acaba”. Y caray, cómo cuidé mi libertad. Me metieron en cana un par de veces por averiguación de antecedentes o por andar vagando en el café en la noche. Pero gracias a ciertas aptitudes actorales me la rebuscaba para que me largaran y así estar a tiempo en mi casa. Creo que el viejo nunca se enteró.
 
Mi viejo, mi viejito me decía cosas como: “El mejor capital que puede tener un hombre, es la confianza de otro hombre” y tantas otras cosas más. Vicente, Vicente. Cómo me gustaría verte cuidando la Quintita que tanto te gustaba o correteando detrás de una pelota de fútbol que fue siempre tu gran pasión o darte, o darte para que arregles mis botas de show, taco y suela, prolijito como vos sabías hacerlo. Vicente, don Vicente, la pucha, la pucha viejo cómo te extraña el bar, y cómo te extraño yo viejito mío. Por eso cuando nos dejaste te vi en mi corazón con una figura de otros tiempos, tiempos más puros y más heroicos y, y te escribí esto viejo; en donde estés, si me escuchás, espero que te guste.

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