11 mayo, 2011

Soneto para una rosa

Estela Sandoval

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SONETO PARA UNA ROSA

Relato por: Sandro
 
Para llegar a la rosa por su tallo comencé
y a cada avance logrado espinas me fui clavando.
cada espina fue una historia que a mí me fue desgarrando;
la rosa estaba más alto de lo que yo imaginé.

Arrebatar su color será muy fácil, pensé.
pero fallaron mis cálculos, pues cuando me fui acercando
cada pétalo a su antojo el color iba cambiando:
rosa roja, rosa blanca, y allí, me desconcerté.
 
Aprendí lección muy dura y así mi vida cambió:
Cada rosa no es la rosa aquella que uno soñó,
cada una es una vida que debemos descubrir.
Cada espina es una daga y seguro has de sangrar;
cada pétalo es un beso que tu herida ha de aliviar.

Jamás codicies la rosa, si es que no quieres sufrir.
 
Y la Cuniglio a los que andaban bien en aritmética les perdonaba escribir ojo con ‘hache’ mmm ahhh. Ella tenía unos ojos pícaros, escudriñadores y comprensivos, con una tremenda dosis de ternura que a veces derramaba sobre alguno de nosotros, dibujándonos con tiza la alegría en el alma. Era fantástica. Es más, a veces pienso que no era de esta tierra. Quizá por eso creo que nunca se casó. Pero hubo un día en que se halló desolada y decidió dejar esta vida a sus cortos 35 años y nos abandonó para siempre.
 
Tus alumnos nunca te olvidaremos señorita Norma Eva, nunca!.



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