25 Septiembre, 2013

Carta abierta de Sandro para el “bebé Mauro”

Estela Sandoval

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Tuvo su gran momento allá por el 85. Compartíamos el escenario y vi su gloria. Él era feliz… fama, aplausos y halagos, cosa bastante común cuando la vida te sonríe, hasta que se convierte por obra y gracia en una mueca. Algo se mueve, se descoloca y todo pierde su equilibrio.

Bebe Mauro con su hijoSe casó con quien fuera su más grande amor y vivió en la dicha hasta que una tarde el destino lo atacó por la espalda y sin darle aviso la llevó de su lado. Lo vi dejar una flor sobre la tumba de su esposa, llorando sin lagrimas, apretando los dientes de dolor, de bronca de impotencia y… y comenzó la caída.

Ya no quería cantar, no podía cantar… ¿Quien puede? En menos de dos años murió su madre, ahí nomas, su madre le dejo la intima mirada y partió junto a “su viejo”.

Lo ví derrumbarse, lo vi acurrucarse en un recodo de la vida apretando fuerte, como si temiera perderlo también a lo único que le quedaba: su hijo…su única razón para seguir viviendo. Parecía que vivía fingía que vivía… pero no. Hasta que una noche en que en rueda de amigos tomó la guitarra y cantó, y una luz de la vida y candilejas se asomó a sus ojos, lo vi feliz.

– Hermano porqué no volvés?
  No respondió…. pero se fue pensando.

Hoy MAURO está otra vez aquí, entre nosotros, con los mismos sueños de la primera vez. con los mismos temores que nos acompañan, y con las ganas de quedar para siempre. Que así sea.


Sandro
Invierno del 94

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