11 Enero, 2010

El vínculo con las mujeres

Mimosa

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Puntada sin hilo: Vestido para seducir

La muerte de Sandro desató en Argentina una suerte de ataque histérico nacional.  Con motivo del velorio, sus fanáticas permanecieron durante horas bajo el sol esperando ingresar al Salón de los Pasos Perdidos del Congreso Nacional para contemplarlo por última vez.  Llevaban rosas rojas y un retrato del ídolo en las manos. Guardaron cierta compostura conservando las bombachas en el lugar apropiado.Tamaña devoción ha sido explicada a partir de una performance que en sus mejores épocas incluyó movimientos pélvicos, voz insinuante, mirada seductora, actitud romanticona, gestualidad desvergonzada y melodrama como telón de fondo.  Sin embargo, habría que agregar que en toda esta historia la ropa de “El Gitano” ocupó un lugar protagónico.

Hacia fines de los sesenta, Sandro cambia el traje de cuero de rockstar por el esmoquin, acorde con su nueva condición de baladista.  Lo notable es que, a pesar de lo anterior, se mantiene fiel a un estilo que se define, no por el uso de una indumentaria en particular, sino a partir de ciertas tensiones con los códigos de la época.

En primer lugar el argentino desafía el gusto de la elite en un momento en que ésta marca la pauta porque las modas se expanden unidireccionalmente, desde arriba hacia abajo.

Pero además, al cultivar los excesos en todo lo relacionado con la decoración de su cuerpo visibiliza una masculinidad ambigua, que coquetea con los márgenes.  Es cierto que Sandro usaba camisas blancas y trajes oscuros en muchas de sus presentaciones, pero los vuelitos de referencia rococó que cubrían buena parte de su pecho resultaban profundamente femeninos.

Potenciaba así el vínculo con las mujeres precisamente porque compartía con ellas ciertos códigos estéticos.  Por otra parte, la inclusión forzada en la cultura gitana y sus tradiciones vestimentarias lo blindaban, en gran medida, de los comentarios relativos a su orientación sexual, comentarios que afectaban en esos años a aquellos hombres que adoptaban modas más vanguardistas influidas por la vertiente unisex.

Con el paso del tiempo, el sobrepeso y las enfermedades obligaron a “El Gitano” a inventar nuevas estrategias.  Las batas de raso y los pijamas que vistió en sus últimas apariciones lo ubicaron simbólicamente en el dormitorio. A pesar del patetismo de la situación, logró invertir los roles escamoteando el deterioro y manteniendo vivo el mito.

Recurriendo a la ropa “de cama”, roja y negra, activó el striptease.  Las nenas, desde la platea del Gran Rex, se entregaron sin más.

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