13 Enero, 2010

Entrevista con Claudio Burgos

Ashantty

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Claudio Burgos: ” Sandro tuvo momentos muy buenos pero no pudimos recuperarlo” El médico mendocino que lideró la operación habló con Los Andes. A casi una semana de la muerte reflexiona y resalta la fuerza que puso su paciente para sobrevivir. Dice que se sorprendió cuando lo vinieron a buscar para el trasplante. Intimidades de una batalla sin final feliz.

 Sonríe cuando recuerda lo que le contaba su paciente, el Gitano : “En un día normal, me fumaba entre dos y tres atados, pero en días agitados me fumaba entre cuatro y cinco. Eso sí, yo gastaba sólo un fósforo por día”. Roberto Sánchez -el paciente, no el ídolo popular- tuvo jornadas muy buenas en Mendoza, cuenta Claudio Burgos, el cardiocirujano que lideró el equipo médico que lo trasplantó.Su buen humor y su ánimo inquebrantable siempre estuvieron presentes. “Nos hizo jurarle que jamás iba a salir del hospital una foto de él. Nos decía que siempre había trabajado con su imagen y que no quería que lo vieran enfermo”, narró el médico.

Claudio Burgos está más tranquilo. El tono de su voz, que llega a través del teléfono, se escucha calmo. Viajó a Buenos Aires junto con Sergio Perrone, quien fue por cinco años el cardiólogo del cantante, con la intención de asistir al velatorio, “pero después consideré que iba a quedar desubicado. Mi función ya había terminado”. La tensión y las críticas pasaron. Ahora Burgos va a descansar unos días con su familia en la costa atlántica y asegura “que se hizo todo lo científica y humanamente posible para dar una posibilidad de vida a Sandro ”.

-Después de haber sido por un mes y medio el médico del ídolo, ¿qué rescata de su personalidad?

Sandro 170 Roberto Sánchez fue un ser excepcional, como persona y como paciente. Se bancó todo con una gran entereza. Siempre de buen humor y muy coqueto, cada vez que podía nos pedía peinarse (sonríe).

-¿Por qué decidió hacer el trasplante?

– No fue una decisión mía, fue una decisión del equipo médico que lo trataba. Sandro tenía una enfermedad crónica (Enfermedad Pulmonar Obstructiva Crónica) desde hace 15 años, pero en los últimos 8 años estaba invalidado. Pasó 295 días internado; su luz de vida era el trasplante porque él sabía que estaba terminado; tenía el 8 por ciento de capacidad respiratoria, lo que prácticamente es incompatible con la vida. Era el trasplante o esperar la muerte.

-¿Qué probabilidades de éxito tenía la intervención?

-Era un caso difícil y él siempre lo supo, lo tenía clarísimo; me dijo que aunque las posibilidades fueran pocas se operaba igual. Quizás si no se hubieran dado tantas complicaciones, pero estos casos hay que ir evaluándolos cada minuto y ver cómo responde el paciente.

-¿Pensó en su prestigio antes de aceptar hacer el trasplante?

-Nunca puse mi prestigio por encima de la vida de una persona; entonces decidí seguir con el trabajo. Conocía el estado de Roberto, pensé humanamente la situación que estaba atravesando y le dije a Perrone y a Mazzei (sus médicos) que lo hacía.

El inicio, febrero de 2009

A Claudio Burgos le trajeron desde Buenos Aires una historia clínica sólo con las iniciales del paciente, RS, en febrero del año pasado. “Perrone, que trabaja conmigo desde 1990 y me ayudó a armar el servicio de trasplante del Italiano, me dijo que me dejaba una historia clínica para que la estudiara”, rememoró el cardiocirujano.

El médico se tomó quince días para analizar el caso y, finalmente, respondió. “Le dije que era viable, pero que se trataría de un trasplante de alto riesgo. Se podía hacer, pero el paciente tenía que firmar todas las condiciones”, contó.

-¿Qué pasó después de su veredicto?

-Perrone me dijo: “Bueno”, pero hasta ese momento yo no sabía que se trataba de Sandro.

-¿Cuándo le dicen que se trata del famoso cantante?

-Me llaman en marzo y me dicen que el paciente acepta y que firma las condiciones. Se empiezan a hacer los papeles en el Incucai; me avisan que la persona comienza a deteriorarse. El 16 de marzo lo inscribimos y recién allí me dicen que se trata de Roberto Sánchez , Sandro , porque me traen la documentación firmada por él.

-¿Cuál fue su reacción?

-Me sorprendió. Le pregunté a Perrone por qué no me lo había dicho antes y me dijo que era porque consideraba necesario conocer exactamente el cuadro clínico del paciente.

-¿Usted se molestó?

-Me sorprendió.

-Después de sortear esta situación, ¿cuándo conoció al Gitano?

-En abril de 2009 viajé a Buenos Aires para conocerlo. Me encontré con una persona muy querible, muy comunicativa y, sobre todo, muy deseosa de salir de la situación de confinamiento que tenía desde hacía años. Cada vez estaba más limitado, podía moverse sólo la distancia que le permitía la manguerita del oxígeno; su estado general ya era muy delicado.

-En ese momento, ¿de qué hablaron?

-Le expliqué la situación, lo que implicaba la intervención, hablamos mucho, pero él sabía muy bien lo que estaba haciendo y por lo que estaba pasando.

Aferrado a la vida

Sandro 189 Roberto Sánchez , como lo llama Burgos, ya estaba en la lista de espera del Instituto Nacional Central Único Coordinador de Ablación e Implante (Incucai) el 13 de marzo de 2009. “Hay que decir que ésta es una de las pocas instituciones argentinas que funciona bien y este caso no fue la excepción”, elogió el médico.

Esta situación daba nuevas esperanzas al ídolo, que continuaba en una cama sujeto al oxígeno. “Hasta que se concretó el trasplante fueron meses duros para él, porque hubo complicaciones, estuvo internado, fue operado e incluso estuvo un tiempo fuera de la lista de espera por la infección que tenía. Su organismo se deterioraba”, enumeró.

-¿Cómo era su estado nutricional?

– Era muy delicado y nunca logramos reponerlo. De hecho, cuando llegó a Mendoza, el 20 de noviembre, pesaba 12 kilos menos que cuando lo había visto en abril. En Buenos Aires ya recibía alimentación parenteral, es decir, intravenosa.

– ¿Qué peso tenía al momento de fallecer?

– Menos de 70 kilos.

-¿Fue verdad que comió canelones y lasaña?

– Sí, claro que fue verdad. Tuvo momentos muy buenos después del trasplante. Lo tengo filmado, pero él nos hizo jurarle que jamás iba a salir una foto de él enfermo, porque toda su vida había trabajado con su imagen, era su capital.

-¿En algún momento comió solo?

– Sí, después de que le practicamos la traqueotomía. Él no quería, pero fue necesario. Tengo filmaciones levantando el cubierto. Lo que sucedió después es que tuvo problemas deglutorios.

-¿Es cierto que estuvo sentado en la cama?

-Sí, lo alzaban los enfermeros, solo no podía, había perdido la masa muscular. Los kinesiólogos trabajaron mucho con él, pero no pudimos restablecerlo; es más, nunca se pudo parar. Hubo veces en las que yo le levantaba la pierna en la cama pero no la podía sostener, se le caía.

-En este contexto, cuesta creer que se comunicaba por escrito.

-Hay una carpeta con más de cien hojas escritas por él. También manejaba el control remoto; repito, tuvo buenos momentos después del trasplante.

-¿Cuánto fue el tiempo máximo que pudo estar sin oxígeno?

-Bancó diez horas sin respirador; después de ese tiempo se agotaba y se ponía cianótico. La edad no fue un problema

La familia de Sandro había llevado el caso a la Fundación Favaloro y allí lo rechazaron. Fue Sergio Perrone, el cardiólogo de Sandro en sus últimos cinco años, quien lo contó en la provincia y dijo que “no se animaron”.

Desde ese momento hubo muchos rumores, uno de los que perduró en el imaginario social fue que no era conveniente practicar el trasplante por la edad. Burgos explicó que “eso no fue el problema”.

– Los 64 años de Sandro, ¿le jugaron en contra para el trasplante?

– No era un tema la edad, no es discriminatorio. En general, la edad de corte es los 65 años, pero incluso en la Fundación Favaloro se ha trasplantado a gente de más de 70 años. De hecho, él superó el trasplante; quedó demostrado que se podía hacer.

– ¿Y las complicaciones?

– Mi mayor temor eran las hemorragias internas, por las intervenciones que ya le habían practicado; después la infección y en tercer lugar el rechazo.

– Las fístulas trajeron muchos problemas al equipo médico.

– Sí, la primera se dio a los 10 días del trasplante; la segunda a los 15, la tercera a los 20 y la última a los 40. Era evaluarlo minuto a minuto, con un equipo de setenta personas, porque se daba una complicación tras otra.

– Finalmente, el cuadro se agravó con un shock séptico.

– Sí, nunca pudimos extubarlo, no recuperamos su masa muscular y el virus estuvo presente. Hicimos todo lo humanamente posible.

domingo, 10 de enero de 2010

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