4 septiembre, 2010

Fundación Roberto Sánchez

Ashantty

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“Para nosotros era Roberto, ese hermano que hubiera cumplido 65 años”
Dos de los grandes amigos del Gitano están planeando la Fundación Roberto Sánchez , destinada a crear conciencia sobre los peligros del cigarrillo.

Ex fumadores ambos, luego del cumpleaños 62 del ídolo y a poco más de siete meses de su muerte, lo recuerdan en anécdotas jamás contadas antes.

 La calle Berutti al 200 es y será la calle del Gitano . Y junto al mítico paredón de la fortaleza que habitó el ídolo hay otra casa, más modesta, que él también había comprado. Allí vive el Bebe Leandro Mauro, una especie de hermano menor y padrino de la boda de Sandro , quien está en esa casa desde hace cinco años, porque su gran amigo quería tenerlo cerca.

Hoy abre por primera vez sus puertas, a horas del 19 de agosto, día en que el ídolo hubiera cumplido 65 años. Y en ella abren su corazón el Bebe Mauro y Julián Mandriott i, dos de los hombres que más lo conocieron, que compartieron décadas de amistad, autores de algunas de las canciones que él cantó y, sobre todo, siempre presentes en las buenas y en las malas. Ellos tienen la palabra para hablar de Chospa, como le decían en la intimidad…

–¿Por qué Chospa?

Julián: Porque Oscar Anderle , su manager, le decía así, y se nos pegó. Es un apodo gitano, que escuché el día que lo conocí en el camarín del teatro del hotel Flamboyán, en Puerto Rico, en 1969 . “Che, Chospa”, le dice Oscar, “éste es un pibe de Buenos Aires, de Canal 9”. “¿De la tele? ¡Pero si sos un pibe!”, me encara. ¡Y él era más chico que yo!

Bebe: Roberto siempre actuaba como si fuera muy grande. Cuando era jovencito se afeitaba acá adelante (se señala la frente), para tener entradas de un tipo mayor. Tenía 13 o 14 años y ya tocaba rock and roll. Aunque los primeros contratos con Los de Fuego se los firmó el papá, porque era menor, él se movía como si fuera un tipo grande.
Julián: ¿Y vos cuándo lo conociste?
Bebe: Mucho antes… ¡y en vivo! Yo era amigo de Billy Bond y lo fui a ver a La Cueva.

–¿La cuna del rock nacional?
Bebe: La Cueva fue de Sandro , ¿sabías? La hizo con Pajarito Zaguri, en Pueyrredón y Juncal. Entro. Había que bajar una escalera, por un costadito. Viene un tipo –escuchá esto, Julián; es maravilloso–, un tipo con una media en la cara y una guitarra sin funda, y un amigo me dice: “A ése le decimos Tanguito”. Y al rato aparece Sandro . Lo reconocí porque ya salía por televisión. Pero no fue ahí donde me lo presentaron. A los pocos días veníamos con Billy en su Fiat 600 blanco, y él me dice: “¡Uy, mirá a Sandro ! ¡Es un amigo y no anda en un buen momento!”. Ahí me lo presentó y nos contó que estaba pasándola difícil, que no sabía cómo seguiría su carrera… y a los tres o cuatro meses sale Las manos y rompió todo.
Julián: Contate más de aquellos tiempos…

Bebe: Sigo. Un amigo me presentó a Anderle y ahí nomás le canto una canción que él grabó en un aparatito, y me pidió que a la noche fuera al estudio de grabación TNT. A las doce me paro en la puerta y de pronto aparece un Mercedes Benz celeste con Sandro . Viene Roberto con un traje azul impresionante y yo estaba parado, como un nabo, con la guitarrita en la mano: “Hola. ¿Qué hacés, chiquito? Vos sos…” y me canta la canción que Anderle me había grabado. ¡Me quedé helado! ¡Semejante monstruo cantaba mi tema en la vereda!
Julián: ¿Te acordás cuando íbamos los tres a cenar?
Bebe: Y, a las dos o tres de la mañana, porque Roberto en esa época ya no podía salir de día. Le gustaba la comida japonesa. Nosotros, ni idea de eso.

–¿Influencia de una novia que tuvo?
Julián: Puede ser. Tenía una japonesita, la del vivero… Le gustaba lo oriental. A su departamento de Palermo, en la calle Malabia, sólo nos dejaba entrar descalzos. ¡Te hacía sacar los zapatos en la puerta!
Bebe: ¿Te acordás cuando jugábamos a ser Los Beatles? Los admirábamos, y cantábamos… bah… sanateábamos, en inglés. Pero volviendo a las cenas, nos llevaba a restaurantes franceses… A mí, que vivía en una calle de tierra de Adrogué…
Julián: ¡Y yo en La Boca…! Imaginate: ¡Roberto era Hollywood!
Bebe: Venía el maître con cara de Yves Montand y te decía el menú en francés… Julián: …y al ver nuestras caras agregaba: “Que quiere decir…” y todos nos reíamos.

Sandro 174 –¿De qué hablaban en esas cenas?
Bebe: De todo, pero en especial de música. Siempre teníamos una guitarra en el baúl del auto. Julián: ¡Muchas guitarras, porque tenía muchos autos! El Mercedes, que todavía está, el Jaguar rojo convertible, un Peugeot 504, un Torino… En total tenía siete, uno para cada día de la semana.

–¿Es en esa época cuando él se sentó en la escalera de la entrada de su casa y al contemplar los siete autos se preguntó: “¿Así que esto era todo?”?
Julián: Sí. Tal vez sintió que se había olvidado de Roberto.
Bebe: Y fue entonces que empezó a usar la Berlina Fiat, que era un auto común.

–¿Le costaba hacerse amigos al acercársele mucha gente por conveniencia?
Bebe: No, porque a ésos él los olía a cien metros.
Julián: Lo escribió con Anderle en La vida sigue igual: “Yo tuve los amigos que el dinero puede dar…”.
Bebe: Una noche me fui antes de una de esas cenas interminables, porque estaba cansado. Al otro día, Anderle me llama: “Pibe, ¿y Roberto…? Estoy esperándolo con la orquesta en el Teatro Argentino… Todavía no vino, y nadie sabe nada”. Me fui a buscarlo. En la casa no estaba, la mamá no sabía nada de él. Al final lo encontré: ¡estaba durmiendo arriba del Mercedes, en el garaje del restaurante!
Julián: Sí, él se acomodaba en el auto y se dormía una siesta en cualquier lado.

–¿Cuántas botellas de whisky se podían tomar en una noche?
Bebe: No, no eran tantas… (y ambos se ríen, cómplices)
Julián: ¿Vos sabés lo que hacía yo mientras estos dos tomaban? Como yo tenía que laburar al día siguiente, me servía en el vaso, y cuando no me veían, iba al inodoro y lo tiraba.
Bebe: ¿Tirabas el Chivas en el inodoro? ¡Nooo…!

Cuentan que en todos esos años nunca dejaron de ser amigos de Roberto, pero reconocen que en la vida de Sandro sus caminos no siempre coincidieron. Julián dejó de ser su jefe de prensa en 1975, porque estaba por casarse y quería retomar su profesión de periodista. El Bebe, que había consolidado su carrera como solista, empezó a trabajar con el ídolo recién en los recitales de 1993.

Bebe: Chospa era un tipo muy generoso. Por ejemplo, cuando Julián se casó ¡tenía puesto el smoking de Roberto!
Julián: Sí. Además, entré a la iglesia con la canción Así nace el amor, que escribimos el Bebe y yo. Roberto nos la grabó… ¡y Bebe la tiene como ringtone en su celular!
Bebe: ¿Te acordás cuando hicimos el cancionero del papa Juan Pablo II para su visita a la Argentina?
Julián: Sí, él se enteró en Puerto Rico. Estaba allá grabando la novela Fue sin querer, y me cuenta que leyendo una revista nos ve en una nota como los autores de Bienvenido, Juan Pablo. Orgulloso, le mostraba la revista a todo el mundo diciendo: “Estos son mis amigos, el Lobo, por Bebe, y el Puma, por mí”.

–¿Cuándo se enteraron de que se casaba?
Bebe: Una semana antes. Roberto me dice: “Che, Bebito, ¿cómo venís para padrino?” Y le digo: “¿Vas a bautizar a alguien?”. “No, en serio: voy a casarme. Así que tenés una semana para alquilar un smoking, porque vas a ser mi padrino de boda. Avisale a los muchachos”. Los muchachos eran José Anges Trelles, Gianfranco Pagliaro y Julián, que no estaba en Buenos Aires. Estaba en Miami… ¡Se la pasa viajando! ¿Ahora de dónde viniste? Julián: De la India y Francia (Mandriotti es subsecretario de Comunicación Institucional del Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca, y viajó con el ministro Julián Domínguez).

–¿Pensaron que Roberto se iba a casar alguna vez?
–¡Nooo! (contestan al unísono)

–¿Cuándo fue la última vez que lo vieron?
Julián: Yo, el 14 de agosto de 2006, en el homenaje que le hicieron en el Congreso de la Nación. Me abrazó y me dijo: “Negro, ¡qué libro escribiste!” (Mandriotti es autor de la novela La última muerte de Anastasio Somoza). Y yo le dije: “¿Viste que al final me instruí?”. Porque hacía muchos años Roberto me había regalado el libro Juan Salvador Gaviota y me había dicho: “Andá e instruite”.
Bebe: Yo lo vi por última vez el 11 de marzo de 2009, en la casa. Ese día me convenció de sacar un disco con lo mejor de mi carrera, y que le pusiera Hace 25 años, y así lo hice. Lástima que él no pudo llegar a escucharlo. A los pocos días lo internaron.

–¿Verlo sufrir los lleva ahora a crear la Fundación Roberto Sánchez ?
Julián: Como ex fumadores, queremos crear conciencia sobre lo que provoca el tabaco. Por ejemplo, hacer charlas sobre métodos para dejar de fumar. Yo tuve cáncer en las cuerdas vocales: sé del mal del cigarrillo. Por eso la Fundación tiene también algo personal, una acción solidaria por Roberto, porque éste es un mensaje que él quiso dar hasta el final.
Bebe: Yo dejé hace diez años, pero mi mujer, Silvana, todavía fuma. Y en los últimos tiempos, cuando Roberto la veía, siempre le recriminaba: “Nena, ¿cuándo vas a dejar el faso? ¿No ves que te va a matar, como me está matando a mí?”.

La vida sigue igual

En el estudio de Berutti 243, Roberto Sánchez está siempre presente. Cuando Sandro lo conoció, en el 2006, se sentó en la silla donde hoy está Mandriotti y dijo: “Bebe, ¡qué estudio te mandaste! Está buenísimo”.

Roberto íntimo

El 13 de abril de 2007 se casó por Civil con Olga Garaventa en su casa de Banfield. Los hijos de la novia, Pablo y Manuela, y Alicia Cuello, fueron testigos. El Bebe Mauro fue el padrino de la ceremonia religiosa, en la que estuvieron José Angel Trelles, Raúl Porchetto y Gianfranco Pagliaro. Mandriotti estaba en Miami y no pudo llegar. Ellos se vieron por última vez en el Congreso de la Nación, el 14 de agosto de 2006, cuando Sandro fue distinguido por su trayectoria. “Las largas noches del recuerdo nunca se van”, coinciden hoy ambos.

Recuerdo

“Cuando me casé tenía puesto el smoking negro de Roberto y entré en la iglesia con Así nace el amor, la canción que escribimos con el Bebe y que grabó Sandro ” (Mandriotti)

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