10 Enero, 2010

La muerte de Sandro: el debate ético

Mimosa

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La muerte del popular artista Sandro, nos enfrenta como comunidad, en sus aspectos social y médico, a un dilema de difícil resolución, pero de necesario tratamiento.  ¿Hasta qué punto se puede alimentar la esperanza de un paciente que quiere hacerle frente a las adversidades aún sabiendo que el final es inminente?

 Es la pregunta que seguramente mantiene en vilo a todo un pueblo que sufrió junto a Sandro sus dolores y sinsabores, tendido en una camilla con sólo la presencia de unos cuantos de su familia y muchos médicos que aportaban lo suyo, desde sus especializaciones.

En este sentido, el impactante informe de la revista Noticias habla de “encarnizamiento terapéutico”; “sobreacción de los médicos” para mantener con vida al artista, término del trasplantólogo Guillermo Bortman;  de abuso de autoridad médica, ensañamiento médico, pero también se rescatan las ganas que puso Sandro para que su vida continuara a pesar de los males que lo aquejaban.

Sandro lo pedía –dicen sus médicos-.  Él rogaba que se hiciera todo lo posible para ayudarlo en su batalla. Sabía de sus  complicaciones y a pesar de eso quería seguir.  Tanto era su deseo que los médicos tenían sólo calificativos positivos para su conducta como paciente:  “Excelente”, “modesto”, “humilde”, “ejemplar”, “colaborador”, “luchador”, aunque al final sintió el cansancio de quien no tiene chances frente a la adversidad, y bajó los brazos.
Sandro sufrió más de la cuenta, en eso coinciden todos, pero su sufrimiento debió haber terminado antes, aunque los médicos justifican su trabajo haciendo alusión a su desesperanza.  “¿Qué íbamos a hacer nosotros cuando nos llamaban y estaba azul porque no podía respirar?  ¿Dejarlo morir?”, decía el doctor Burgos, en alguna oportunidad.

En su libro “Vida y muerte en terapia intensiva”, el Dr. Carlos Gherardi, es jefe de ese servicio del Hospital de Clínicas, critica el uso excesivo de tecnología y asegura que al “encarnizamiento terapéutico se llega sin darse cuenta”.

Queda el interrogante sin respuesta hasta ahora:  ¿hasta dónde avanzar para mantener con vida a un paciente, aún cuando él mismo o su familia así lo pidan?

Lo que sí está claro es el mensaje que dejó una muerte tan cruel:  no se puede escapar de los efectos nocivos del tabaco, si abusó de su consumo durante toda una vida.

En esta historia no hubo final feliz.

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