11 Enero, 2010

La responsabilidad de las tabacaleras

Mimosa

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Murió Sandro , y su pérdida reinstaló el tema del consumo del tabaco, de sus consecuencias fatales.  Un estudio local fundamenta que la muerte de un fumador no es natural:  es homicidio calificado a manos de las tabacaleras.

“Las 40.000 muertes anuales que causa el consumo de tabaco no son naturales:  son causadas por la mano del hombre”, dijo entrevistado en la emisora 99.9 el abogado Martín Ferrá, autor de un estudio que examina las responsabilidades de las empresas tabacaleras. 

 “Hay una intencionalidad”, afirmó, “ya que las firmas saben que causan daño y lo siguen haciendo.  Por eso deben asumir lasconsecuencias legales de sus actos”.

Ferrá analiza una línea histórica a partir del descubrimiento de América, cuando las culturas originarias hicieron conocer a los conquistadores un tabaco que consumían con asiduidad, y que a partir de allí ingresó al mundo europeo.  Obviamente, ese tabaco original era una hierba sin tratar, que no contenía prácticamente ninguna de las 4.700 sustancias nocivas que hoy funcionan como aditivos, y que no sólo son venenosas, sino que, además, contribuyen a aumentar la adicción.  Algunos investigadores refieren que fue recién después de la Segunda Guerra cuando los médicos comenzaron a indagar acerca de la relación que existía entre las muertes a causa de cáncer de pulmón y el consumo de cigarrillos industriales.

Claro que los más grandes capitales mundiales poco tuvieron que hacer al respecto:  los cigarrillos se compran, nadie obliga a consumirlos;   es decir, que durante años, la defensa de tales empresas afirmó que adherir al consumo de un producto letal era una decisión personal que el fumador podía no tomar.

En Estados Unidos, la economía de mercado hizo que la muerte por enfermedades devenidas del tabaquismo no fuera un problema, hasta que el dinero que el fisco recaudaba por tributos aplicados al cigarrillo se hizo insuficiente para pagar costos médicos de curación de las enfermedades consecuentes.  Allí apareció el verdadero problema, por un simple balance desbalanceado, y las políticas de Estado comenzaron a mirar más directamente a una industria que hasta ese momento sólo había sido fuente de jugosas ganancias.

tabaquisimo Esta semana todos los argentinos asistieron con mayor o menor interés a la muerte de  Sandro , un artista que enfrentó una larga y penosa enfermedad, consecuencia directa de la adicción al cigarrillo que había ocupado un lugar preponderante en su vida.  Había adquirido el hábito siendo muy joven, y no lo había abandonado ni siquiera cuando la enfermedad se hacía evidente.  Las razones eran obvias:  un cigarrillo comercial contiene muchas cosas además de tabaco, y está cuidadosamente preparado para generar en el hombre una dependencia que es comparable a la de las drogas prohibidas.  Abandonar el cigarrillo genera síndrome de abstinencia, depresión, sudoración excesiva, nerviosismo, un aumento de peso inevitable aunque se mantenga una dieta equilibrada, y más cambios que dependen del individuo en cuestión.  El organismo se ha acostumbrado a funcionar con determinadas sustancias, y acusa recibo cuando ya no las tiene a disposición.

La muerte del divo de la canción de los setenta no reveló las consecuencias de un trasplante fallido de corazón y pulmones, sino la acción devastadora de aquellas drogas legales sobre un cuerpo que en cierto momento no pudo más.  Sandro no es una excepción;  los muertos que dejan las enfermedades que devienen del tabaco en el mundo entero superan anualmente no solamente a los que dejan los accidentes de tránsito, sino a los que ocasionan el SIDA, el paludismo y la tuberculosis.

Mientras velan los restos de Roberto Sánchez en el Congreso Nacional, Martín Ferrá ha dicho en su entrevista con este medio, que considera que tal sitio es indigno de llevar adelante la ceremonia, porque ese mismo Congreso fue el que se negó a suscribir el convenio marco antitabaco que había propuesto la Organización Mundial de la Salud, y que el ex ministro Ginés González García había intentado defender.  La Argentina se quedó afuera, habló de dinero, de puestos de trabajo, y se escudó en la pérdida que la medida ocasionaría a varios pequeños productores de tabaco, en lugar de destacar las tremendas consecuencias que trae esta cosecha en la salud de los campesinos que se encargan de ella, así como el impacto que ocasiona en las tierras un cultivo que termina con los nutrientes naturales.

Pero quizá la solución única no esté en las prohibiciones, que de hecho demuestran no ser eficaces a la hora de lidiar con problemas sociales.  Quizá sea hora de atender a causas más profundas.  El consumo de tabaco en el país estuvo “amesetado” desde 1995, y obviamente se debe a dos cuestiones precisas:  el incremento de la difusión de la información de los efectos degenerativos del tabaco, y la limitación a la publicidad de cigarrillos.  Basta simplemente con ver una película de la década del setenta, para observar que todos sus protagonistas fuman.  Y además, en aquellos años, la publicidad encaramaba figuras de fumadores ganadores, protagonistas de aventuras que nadie viviría sin un cigarrillo en la mano.

Nadie olvida a Claudia Sánchez, a quien no le hacían falta más que su paquete de LM y sus pestañas postizas para viajar por los más hermosos lugares del mundo y disfrutar de la vida.  Era una triunfadora, como el titular de la blonda cabellera enrulada de Camel, que vivía una vida plena de paisajes, con su paquete de cigarrillos como premio.  Con campañas similares, la cerveza pasó de ser una bebida que sólo consumían los abuelos inmigrantes, al símbolo de las reuniones de jóvenes.  La publicidad hizo su lento trabajo.

Hoy, los efectos de nuevos paradigmas de pensamiento han logrado desarmar aquella imagen.   El cigarrillo es un hábito que las escenas de cine reservan únicamente para los perdedores.  Nadie que tenga en sus manos una carrera exitosa huele a humo ni tiene los dedos manchados de nicotina.  El cigarrillo aumenta sus niveles de venta en las clases bajas, donde la información llega filtrada por modos de vida ya instalados, y el mal olor impregnado en las prendas de vestir pierde importancia frente a otras cuestiones.  La publicidad de cigarrillos está reducida, y los jóvenes europeos solamente consumen cigarrillos armados por ellos mismos a partir de tabaco sin tratar.

El informante

Desde 1993, el panorama cambió respecto de las indemnizaciones que las tabacaleras han tenido que enfrentar a partir de las condenas impuestas por tribunales de todo el mundo.  Se demostró que con añadir amoníaco al tabaco, se creó una especie de cocaína base, o crack, que aumenta la adicción.

Según un informe que surgió en el estado norteamericano de Massachussets, el éxito de la marca Marlboro -que se impuso sobre cualquier otra a nivel mundial- se debe, no a la recordada publicidad del cowboy, sino a que se aumentó la adictividad del producto mediante la potenciación de los efectos de la nicotina contenida en ellos.  Los aditivos habían estado prohibidos hasta los años setenta, pero las empresas lograron que se los aprobara bajo la excusa de que así mejorarían el sabor de los cigarrillos.  Hoy se asegura que en realidad son recursos para aumentar los niveles de dependencia.

El puntapié inicial para las multas lo dió Jeffrey Wigand, que inspiró la película “El informante”,  protagonizada por Russell Crowe y Al Pacino.  Él había sido presidente de la filial británica de una de las grandes productoras, y reveló ante cámaras  y tribunales que ellos habían elevado la concentración de nicotina de manera premeditada, es decir conociendo que era la clave de la adicción.  Fue uno de los principales testigos en los juicios entablados por 40 estados norteamericanos contra las productoras de cigarrillos, que terminaron costándoles una fortuna.

Hoy, el país tiene su propio informante.  Sandro informó al mundo desde su lecho de muerte que el humo cautivante de sus escenas sensuales se llevó la mitad de su vida.   Sandro de América , como alguna vez se lo llamó, informó con un cuerpo devastado que vivir con los tubos de oxigeno sobre la espalda no fue una vida.  Fue sólo parte de la lucha para ganarle la batalla al muchacho de “Dame fuego.

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