11 Enero, 2010

Sandro da paso al ícono

Mimosa

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Cadera dislocada, cigarro al frente y susurros al oído.  Ahora Sandro da paso al ícono, arrastrando la inocencia de toda una generación.  Además, recordamos cuando casi se cae en avión junto a Luis Dimas y Pía Montalva lo desnuda.

La viñamarina Solange Mankoch viajó en 2007 a Buenos Aires.   Junto a su amiga Jéssica eran las últimas nenas chilenas que cruzarían los Andes para estar en Banfield un 19 de agosto y cantarle feliz cumpleaños a Sandro .

 “ El Gitano ” ya estaba en lista de espera para un doble trasplante y hacía más de tres años desde su último concierto que dió asistido por un tubo de oxígeno.

Con todo eso en conocimiento, Solange sabía que no encontraría a la bestia carnal que desafiaba a la kinesiología desde el escenario al ritmo de “Rosa…Rosa”.

Pero en cuanto cruzó el portal de la mansión, Roberto Sánchez extendió sus brazos, puso cara de carátula, estiró una sonrisa y lo primero que exclamó fue:  “¡Qué bueno, me trajeron una güera!”.

Bienvenida, Solange y su cabellera rubia;  bienvenidas las mujeres que venían a mimarlo para su última fiesta.  Sandro , el mito romántico, resistía en pie.

“Hoy parece ridículo, pero en ese momento, que alguien moviera la pelvis de esa manera era absolutamente impactante y trasgredía todos los moldes culturales”, comenta el sexólogo Cristián Thomas, del Centro de Estudios de la Sexualidad.

Sandro , como muchos otros cantantes de la época, serán guardados por todo un movimiento de mujeres porque las hizo descubrirse, salir del letargo que suponía su contexto social.  Con él, les llegó el erotismo al cuerpo y la tendencia a mostrarlo”.

HAY MUCHA AGITACIÓN

Roberto Sánchez , alias Sandro , murió el lunes 4 de enero por complicaciones derivadas del doble trasplante de pulmón y corazón al que se sometió en el Hospital Italiano de Mendoza.

Tuvo funerales de Estado, con un velorio en el Congreso Nacional argentino que contabilizó más de 100 mil visitas.  Y aparecieron sus “nenas” sorteando 35 grados y una tormenta eléctrica para despedirse del ídolo:  una pasión única, reservada para el último rompecorazones americano.  Para el demoledor de tabúes.

Sandro murió viejo y, sin embargo, tuvo toda esta explosión que no se veía desde el entierro de Gardel.  Sus chicas tienen 50 años. (…)  Era realmente un fenómeno erótico y lo curioso es que es un mito a los 64 años, cuando siempre el mito tiene que morir joven para ser inmortal”, explicó el sicólogo social Alfredo Moffat a Radio Provincia de Argentina.

Roberto Sánchez fue el hombre indicado en el momento preciso.  “A partir de la Revolución Industrial, el hombre sale de la casa para trabajar y ese vacío, el de la mujer sola, es llenado por el romanticismo.  Los personajes como Sandro representan la figura masculina romántica que llena el espacio del hombre que se fue a trabajar”, explica el doctor Thomas.

Sandro y Los de Fuego inauguraron el rock en Argentina y fueron punta de lanza para un movimiento colérico que, también en Chile, comenzaba a subir los calores de la juventud.  Como solista ganó el Festival de la Canción de Buenos Aires en 1967 y en ese momento dió con la zona erógena de las mujeres latinoamericanas:  “Cuando empecé con Los de Fuego nos gritaban ¡maricones! Y nos tiraban monedas.  La liga de madres me perseguía y yo pensaba que en la Casa de Moneda acuñaban monedas pesadas para que me las tiraran a mí.  Después cambié, largué el rock y me puse a cantar canciones románticas y ahí cambió todo”, decía “El Gitano ” en agosto de 1980 a la prensa de su país.

Sandro 162 QUIERO LLENARME DE TI

Sandro fue el embajador de la revolución hormonal iniciada por Elvis Presley en Estados Unidos.  Pero ya,  hacia la segunda mitad de los sesenta, la invitación erótica de los grupos populares iba mutando.

En la biografía “Lennon” (Anagrama, 2009), el autor Phillip Norman describe el tránsito que hizo la música popular:  “Al contrario que los éxtasis que acogían a Sinatra o a Presley, el griterío ante Los Beatles no contiene un elemento sexual.  No es el ruido de la feminidad adolescente desgarrada por el deseo confuso y la frustración, sino el de unas jovencitas lamentándose por el hámster que se les ha muerto o celebrando un osito de peluche nuevo.  Tanto Frank como Elvis actuaban bajo un bombardeo de bragas y de papelitos con números de teléfono garabateados.  A John, Paul, George y Ringo, las fans les tiraban pastillas de goma”.

En Chile, la sucesión de los fanatismos juveniles fue similar.  Partió con destrozos y desmayos para Jorge Negrete en 1946 en la Estación Mapocho;  siguió con Lucho Gatica y su capacidad de parar el tránsito en Santiago cuando cantaba desde los estudios de Radio Minería;  las niñas le tiraron las manos y robaron pañuelos a Raúl Shaw Moreno;  recibieron a Cecilia en el aeropuerto de Cerrillos en 1965 a lo grande.  Y poco tiempo después, José Alfredo Fuentes desplazaba a Cecilia como ídolo “y con ello se cambiaba un modelo femenino trasgresor por uno masculino obediente”, describe el libro “Historia social de la música popular en Chile, 1950-1970”, de Juan Pablo González, Claudio Rolle y Óscar Ohlsen.

Sandro, desde luego, no era el modelo obediente.  Era también el galán de palabras bonitas.  Y el pibe grasa (pobre) que lo logró.  Y el dios Baco con camisa a gogó.  Todo en uno.  “Ocupa un lugar importante en el imaginario de las mujeres, porque es el hombre idealizado, fantaseado, que musita palabras al oído impregnadas de erotismo.  Es capaz de tomar el cuerpo y sacudirlo, mover la pelvis, producir un impacto erótico visual muy intenso.  Y tenemos a este héroe, con rasgos de gitano, siempre susurrante, que llega al corazón de las personas, mujeres y hombres.  Dijo lo que muchos querían decir, pero no tenían la capacidad poética para hacerlo”, dice Thomas.

“Se anticipa al rock posterior, que guitarra al frente representa al falo.  Eso lo hace Sandro con el cigarro.  Hoy, el cigarro es un lugar prohibido.  Pero el mismo Gardel lo utilizó mucho como figura de seducción”.

LUZ DE MIL MATICES

Ése fue su lado provocador.  Pero el verdadero amor de Sandro fue su madre Nina, quien lo apoyó desde niño y se convirtió en su norte.  “Gracias a la guita pude hacer operar a mi vieja.  Traje a un médico de Alemania y otro de Canadá.  La operación duró ocho horas.  Y cuando ella se levantó, ella, que había vivido toda su vida torcida por la enfermedad, le dije:  ‘¡vieja, sos tan alta como yo!’.   Para eso sí que sirve la guita y por eso yo no la malgasté”, dijo “ El Gitano ”.  Y no hay que ser Freud para intuir que su relación con las mujeres quedó marcada por esa cercanía.

S andro dedicó 20 años de relación a María Elena Fresta, la mujer que cuidó a su madre y que se ocupaba del aseo en Banfield.  La biógrafa del cantante trasandino, Graciela Guiñazú, escribió en “ Sandro -El ídolo que volvió de la muerte”, que el músico prefería las mujeres “terrenales”, “la mujer posible”.

Y en 2007, dió la razón a esa máxima cuando se casó con Olga Garaventa  -secretaria por 20 años de su manager-, sólo diez años menor.  Puede ser una de las explicaciones para la longevidad de su culto femenino.  “Él supo mantener el mito.  Es un ícono de la sexualidad”, resume Thomas.

Solange y sus amigas ya tenían programado el viaje para el próximo cumpleaños en Banfield, convencidas por un vigor que parecía, hasta el lunes pasado, incombustible:  “Amigas de México, Venezuela, de Israel, todas nos íbamos a juntar en agosto allá.  Pensábamos que iba a salir de ésta. Nos tenía convencidas de que iba a salir bien.  Tenía mucha fuerza, nunca había conocido a un ser humano así”.  Y nunca más lo conocerán.  Se extinguió un mundo de sensaciones.

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