13 enero, 2010

Sergio Perrone aclara

Mimosa

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El médico desmintió que se haya falseado la hora en que murió el ” Gitano “.  También contó cómo Sandro se despidió de su esposa. Hace una semana un país entero lloraba la muerte de uno de los mejores cantantes que tuvo Argentina y aunque las rosas rojas se agotaron en pocas horas, allá en Buenos Aires, miles de personas hicieron su tributo a Sandro a su forma.

Más de una persona –sin tener el rótulo de “Nena”- se dejó emocionar porque se apagó el fuego de aquel muchacho que, con su voz y caderas, le dio otra faceta a las canciones de amor.Hoy, a una semana de la partida de Roberto Sánchez, se puso un manto de dudas respecto de la hora en que falleció el cantante.  El diario Crónica tituló en su portada “ Sandro habría muerto antes de lo informado” ya que según trascendidos el cantante habría fallecido, por un shock séptico, alrededor de las 16 durante la segunda intervención y no a las 20:40, como se informó oficialmente.

MDZ consultó sobre esta publicación al médico personal de Sandro , Sergio Perrone. Ese doctor que se hizo aún más conocido en el país porque junto al cirujano Claudio Burgos y el otro médico personal del ídolo, Guillermo Bortman, hizo lo posible para que Sandro viviera.  Fue él –como sus colegas- quien día tras día dio cátedras de medicina a la prensa para explicar cómo se manejaba la salud del famoso paciente a fin de que todo un país no se perdiera detalles de la evolución del ídolo.

También fue este médico que salió junto a Burgos a las 20:55 del lunes 4 de enero a dar la drástica noticia:  “Lamentablemente tengo que anunciar –y un coro de sollozos  explotó en el hall del Italiano- que Sandro murió a las 20:40 debido a un shock séptico que se complicó con una necrosis intestino mesentérica y una coagulopatía por consumo”, tal como señaló el cirujano mendocino.  A su lado, Perrone, con un nudo en la garganta, volvió al hospital sin poder decir nada: su “amigo” –tal como él lo afirmó- había muerto.

Casi con la misma amargura, Perrone se sorprendió al enterarse de que se durara de la información antes escrita:  “A lo mejor no tenían nada para escribir.  Debería haber algún justificativo.  ¿Cuál es?”, se preguntó al médico en la conversación telefónica que tuvo con un diario.  Y para no dejar dudas, contó cómo fueron esos 45 minutos fatídicos –antes de las 20:40- en que sabía que su paciente dejaría este mundo porque su situación era irreversible.

Sandro 182 El final del ídolo y el gesto de despedida

Sin poder entender el porqué se podría mentir sobre la hora en que murió el “Gitano”, Perrone trataba de explicar con qué sentido se le mentiría hasta a la familia, la cual estuvo en la habitación contigua a la de Sandro alrededor de las 19:30.  Pidiendo perdón por no tener los horarios precisos, ya que “estábamos con la cabeza en otro lado”, el cardiólogo porteño relató cómo fueron los últimos minutos de vida del ídolo.

“Olga y sus hijos estaban en la habitación de al lado.  La mujer entró unos 45 minutos aproximadamente antes de que muriera Sandro.  Ella estuvo un rato viéndolo y le besó las manos.  Nos llamó bastante la atención porque Sandro estaba sedado y cuando ella lo saludó, él hizo como un gesto con la cabeza… y eso que estaba bastante sedado”, recordó Perrone presintiendo que el final estaba demasiado cerca, pero anonado porque una vez más su paciente lo había asombrado demostrándole la fuerza que tenía.

“Le advertimos a Olga que podían ser los últimos momentos.  Esos momentos no son muy gratos para nadie, le dijimos a la mujer que fuera a tomarse un café…  Él estaba muy mal… Ver esos últimos momentos no fueron gratificantes”, expresó el doctor con angustia –como si estuviera reviviéndolo- y agregó:  “Al rato la llamamos y le dijimos: ‘Acaba de fallecer”.

El relato de Perrone puede coincidir con el de decenas de periodistas que estaban aguardando en el Italiano.  Olga junto a sus hijos, Pablo y Manuela, habían ido a tomar un café al buffet del hospital.  Antes de que ellos pudieran saborear la bebida, un gendarme se acercó a la esposa del ídolo le dijo:  “El doctor Burgos la llama” y ella, sabiendo lo que ya podrían anunciarle, salió a las corridas.  Los cafés quedaron intactos, la prensa advirtió y entendió la desesperación de la compañera del cantante. En cuestión de minutos, alrededor de las 20:50, ya todos los medios lo comunicaban: Sandro había muerto.

“Si nosotros dijimos 20:40, fue porque nuestro reloj marcaba esa hora.  Si quieren cambiarle la hora, que la cambien.  Si quieren ponerle a las tres o cuatro de la tarde, que lo hagan… Siempre dijimos la verdad.  No sé cuál es la causa o la razón de escribir eso.  No veo por qué nosotros tendríamos que mentir.  La información que tenía la prensa es la misma que tenía la familia. Siempre fue la verdad, no andábamos con vuelta.  A veces entraba al quirófano porque le poníamos un tubo y ya decían que lo estaban operando”, afirmó Perrone, no entendiendo por qué a veces se tergiversaba tanto los hechos.

Sin embargo, el cardiólogo que estuvo casi 45 días teniendo como hogar el hospital mendocino, agradeció la colaboración de la prensa, a los que estuvieron todos los días y se ocuparon de informar correctamente.  No obstante, conoce el paño e hizo una propuesta para respaldar que siempre se dijo la verdad:  “Hay análisis de laboratorio, exámenes, placas, muchas cosas que se hicieron en esos últimos momentos.  Te podés imaginar que no podríamos cambiarle el horario a todos los equipos”.

Repasando lo vivido en este mes y medio y la duda que ahora se presenta, Perrone cuestionó:  “¿Qué necesidad hay de que digamos una cosa que no es?.  ¿Cuál hubiera sido la diferencia de que hubiera sido a las 4 o a las 8 (de la tarde)?.  ¿Qué gana el paciente o qué pierde?.  ¿Qué gana o qué pierde la familia?.  ¿Qué ganamos o qué perdemos los médicos?. ¿Qué ganan o pierden las instituciones?.  ¿Qué ganan o pierden los medios?.  ¿Cuál hubiera sido la diferencia?”, se pregunta amargamente el médico recordando que el cuadro era irreversible.

Al mismo tiempo, el doctor intentaba en vano responder las preguntas mencionadas.  Aún está acongojado por la pérdida de su paciente:  “De tanto pelearla…  Llevaba cinco años con él.  Pasé unas cuantas situaciones así, pero cuando es la última…  Siempre pensaba en que iba a salir”, confesó Perrone a la vez, que dejaba de hablar como médico para dar lugar al amigo del paciente.  Inmediatamente, el reportero le preguntó:

– Le regalaron 45 días más de vida, ustedes sabían que entraba al quirófano un paciente muerto, usted mismo lo mencionó en un parte.

– Hubiéramos querido que fuera mucho más.

“Hubiéramos querido darle más días” respondió varias veces Perrone, mientras que su voz reflejaba el mismo dolor de cuando dio el último parte médico sobre la salud de Sandro –alrededor de las 19:10- y dijo a la prensa con un escaso aliento de esperanza –ante la consulta de cómo se iba a seguir informando-:  “Ojalá podamos dar más partes”.

Ocupar la medicina a favor de la vida

Los nuevos cuestionamientos sobre Sandro , hizo que a la mente del médico se le agolparan los otros cuestionamientos que se realizaron el 20 de noviembre, cuando se hizo el trasplante:  “Las cosas que se dicen no siempre reflejan la realidad.  Hay muchos que hablan sin estar en una sala de terapia intensiva. Si tuvieran a un familiar en lista de espera, muchos cambiarían su pensamiento…”, soltó Perrone.

Respecto del porqué Sandro recibió nuevos órganos cuando él había sido un fumador compulsivo, o porque era un paciente de edad avanzada, el doctor dijo:  “Muchos hablan de que algunas personas no tienen derecho.  A veces esto es un pensamiento fascista: porque algunos estaban, según ellos, fallados, había que matarlos.  ¿Por qué no damos segundas oportunidades?”, interpeló el cardiólogo e hizo hincapié en por qué ocupar el avance de la medicina a favor de la vida y, en esto, por qué estar de acuerdo con la donación de órganos.

“Por cinco minutos de televisión o por cinco líneas en un diario, se dice cualquier barbaridad.  Muchos no piensan que este asunto puede ser un tema propio, que en algún momento les puede ocurrir.  Al contrario, lo ven como algo lejano.  Nosotros lo vemos a diario cómo se necesitan”, explicó el cardiólogo y tocó otro asunto polémico:  el ensañamiento terapéutico.

“Muchos hablaron de enseñamiento terapéutico.  Recuerdo a muchos pacientes que estaban al borde de la muerte y que salieron. Si no apostamos a la medicina, hay que dejarla entonces”.  Y esta declaración se suma a la que ya hiciera en diciembre, cuando Sandro atravesaba una nueva cirugía, el doctor Bortman con un grupo de periodistas respecto de que si Sandro sobrevivía por la sobreacción médica.

En aquella oportunidad, el colega de Perrone se planteó hasta qué punto no hay que dejar que el paciente se vaya e, inmediatamente, agregó que cuando ellos creían que ya no había lugar para otro esfuerzo, se encontraban con la sonrisa de Sandro y el pulgar arriba indicando que todo estaba bien.  Y una vez más, el espíritu del paciente –pese a que su cuerpo se estaba apagando- daba fuerzas al equipo médico para seguir combatiendo lo que se presentase: fuese una fístula, la acinetobacter baumanni o el pésimo estado nutricional del ídolo.

Volviendo a uno de los protagonistas del paso de Sandro por Mendoza, Perrone hizo una propuesta a quienes dudan sobre la hora en que murió su paciente:  los invita a ver la historia clínica de Roberto Sánchez para que miren lo que se hizo “hasta último momento”.

Recordando los últimos cinco años junto al ídolo, pero, especialmente, los últimos 45 días junto a Sandro , el doctor Perrone concluyó:  “Si tuviéramos que haberle dichos a todos que cambiaran los horarios (en referencia a los estudios que se hicieron a última hora), la verdad que es una cosa sin razón. Lamentablemente, deben ser pocos comunicativos con la gente quienes dudan.  Quizás si hubieran llamado hasta a una enfermera, sabrían que el equipo estuvo hasta después de las 8:30 (de la tarde) laburando”.

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